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Dos, tres semanas, el cronista perdió contacto con sus lectores por motivos de sobra conocidos. Mientras tanto, los teatros meropolitanos siguieron su ritmo natural de fin de año, los estrenos de importancia en escenarios de Bellas Artes, del Fábregas y otros tantos estrenos del viejo repertorio cómico en el Ideal y hasta cuatro títulos estrenados en el Lírico y en el Colón sobre temas de actualidad política, la única actualidad que da tema para hacer títulos teatrales. |
Jacinto Benavente -qué lástima que se acaben las dos cuartillas semanarias- ha creado unos tipos de mujer que estaban desde hacía tiempo desterrados del teatro en español. Desde hace cincuenta años sólo crea tipos de mujer. En realidad son las mujeres que retrataron Lope, Calderón y Tirso de Molina. Son aquellas mujeres de La dama boba, de Casa con dos puertas, de La moza del cántaro, con sus discretos, con su gracia picante y maligna, su ponderación hipócrita, que poco a poco van dejando. Esas mujeres que se van acomodando al ambiente y aparecen en La escuela de los maridos y en El sí de las niñas, de Moratín; se asoman, con mantillas y caireles, a las páginas de don Ramón de la Cruz, y las vemos, ya vestidas a la moda de Alfonso XIII y de Victoria Eugenia, y hasta de Azaña y Franco, en las obras de don Jacinto. Pocos autores han sabido apoderarse como éste, no de los secretos y de las complicaciones del alma femenina, como algunos creen, sino de todo lo que hay en ella de primitivo, de ingenuo de sencillo, de frívolo. En las mujeres de Benavente lo que más conmueve es su sencillez. Es su mayor encanto. Las mujeres trascendentales de Ibsen, las trágicas de Echegaray, éstas no viven en el teatro de Benavente. El tema es largo y el espacio corto... ¡Las mujeres de Benavente!... ¿Por qué en vez de andar a ciegas en la selva de obras mediocres, no se citan, en un desusado congreso feminista, a las más ilustres mujeres benaventianas?... ¿Por qué, Cibrián?... ¿Por qué, María Tereza?... El público de ahora no concoce a Imperia, de La noche del sábado, a Rosario de Lo cursi, a la estupenda Dominica de Señora Ama, a Nell de La fuerza bruta, a Elena de La princesa bebé, a Asunción de La inmaculada de los Dolores, a Isabel y María Antonia de Rosas de otoño, a Pepa Doncel... Tal vez tomaría otro rumbo nuestro (sic) cine nacional, ausente de grandes tipos de mujer. Benavente es dueño de una galería extensísima, porque Benavente reconoce implícitamente la unidad del alma femenina. Retrata los tipos que nos son familiares y les presta matices variados a un fondo psicológico común. La característica que conservan siempre las mujeres de Benavente es una gran sencillez... teatral; buenas, burguesas, sin complicaciones ni retorcimientos, y sus rasgos resaltan lo mismo en la Dómina, la niña impulsiva y sentimental, con apasionamiento de enferma, que en La malquerida, en medio de la gran tragedia que urde el autor, y que vive en estos días la Montoya en el escenario del Bellas Artes con una verdad y un dolor que exprimen el corazón dentro del pecho.
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