del pobre
diablo. El dominio escénico de don Fernando no tiene límites, pero en
Rigoberto no hemos admirado sus conocimientos del oficio, no nos ha dado
tiempo; al contemplarlo, al oírlo, hemos visto y escuchado al hombre que
vive con vida propia su desencanto, su búsqueda de afectos, su tragedia, su
descarga de emociones; en esos momentos nos hemos olvidado del actor y es esto
precisamente su mayor éxito.
Sobresale
en su actuación Pilar Sen, a quien le hemos visto obras de muy diversos
géneros, como Fuenteovejuna y
otras, y a pesar de que su papel en Rigoberto no es muy generoso, le da tal
naturalidad que parece increíble que esté en un escenario y no es
su casa.
Muy bien Alfonso Torres,
Luis Rizo, Alicia Rodríguez, Mimí Cabrera y Azucena Rodríguez. A Mercedes
Ferriz le debo frase aparte, pues ella trabaja bien, aunque le toca el
personaje más ingrato de la comedia; dada la exageración con que fue
delineado por el autor su papel no está sobreactuado, ella se limita
únicamente a interpretar su personaje tal y como fue concebido por él.
La escenografía, de buen
gusto, peca sólo de una cosa: no da la impresión de ser la casa de una mujer
como la suegra: debería ser mucho menos sobria y más oropelesca. Hay que
recordar su interés en la vida de sociedad y su tremenda presunción.
|